Nuestro personaje llegó a casa aquella tarde como cualquier otra, pero desde el primer momento notó que había algo distinto en el ambiente.
Eloy, llamémoslo así, aunque bien había podido llamarse Patxi, cruzó la puerta del jardín y descubrió a sus hijos trasteando por el mismo en pijama, jugando sobre la húmeda hierba, que por cierto alcanzaba una altura bastante considerable.
¿Sin podar todavía? - pensó.
También descubrió cajas de cartón de comida del chino del barrio tiradas por todos lados; el coche de su mujer sin guardar y con la puerta abierta, igual que la puerta de la casa.