7 de marzo de 2010

Quizás sólo fuese un sueño...

Ayer por la noche tenía una merienda cena con un grupo de amigos. Algo sencillo, las clásicas tortillas de patatas, chorizo y queso para picar, y unos burritos que cada uno se montaba a su gusto con diversos ingredientes.
Todo ello regado con unos vinos en plan demostración, que trajo uno de los comensales para probar, ya que era material nuevo que había empezado a vender en su tienda. A parte de un par de licores de orujo y café, también nuevos.
En definitiva, fue una velada agradable y entretenida, pero quizás demasiado húmeda para alguien que no está acostumbrado a beber.
La historia que cuento comenzó tras el abandono de la cena, abandono por otra parte que no sé cómo se produjo, ya que ese instante no habita en mi mente.

El siguiente recuerdo fue que abrí los ojos y atravesando la neblina que los cubría, vi bóveda celeste con las primeras estrellas que empezaban a despuntar. Incorporé lo más que pude mi cabeza para impedir que los picapedreros que dormitaban en su interior despertasen y me hiciesen ver aún mas estrellas.
Ante mi se extendía el mar, pero no con la nitidez que se espera en una noche despejada, sino con el bouket propio de una mirada cargada por el exceso de graduación alcohólica.

Allí estaba, solo en la playa, sin saber cómo había llegado, y tirado con una botella de champán abierta en una mano.

En medio de la confusión, mientras observaba como los últimos restos de luz desaparecían en el horizonte, pasó por delante, cortando la línea del mar, una figura que se desplazaba lentamente, y a través de cuyo fino vestido se colaban los últimos rayos de luz modelando la desnudez de su figura.
Tras ella avanzaban un enorme can, fuerte y negro como la noche. De una raza indefinida, pero con un caminar que diríase felino.
Felino también era el desplazamiento de la figura que lo acompañaba y que de repente se giro hacía mí, me miró y avanzó lentamente hasta alcanzar mis pies. 
No acertaba a ver sus rasgos, el contraluz y mi vista, que seguía sin poder enfocar, me impedían apreciar su rostro. Era delgado, cubierto por un pelo que semejaba tener, o haber tenido, más de un color. 
Curioso, al igual que con el perro pantera, acerté a ver colores mas no rasgos. Vi la forma de una sonrisa en su cara, la clásica expresión que hace alguien al reconocerte, pero por mi parte seguía sin saber ante quién me hallaba. 
La figura dejó deslizar el vestido por su torneado cuerpo, mientras con un gesto despedía animal, que se alejo de nuestra vista.
Se arrodillo ante mí, me desabrochó la camisa, y deslizo por mi pecho la rotundidad de los suyos. Noté sus duros pezones, tibios y erectos, no sé si por la excitación o la frescura de la noche. Siguió subiéndolos hasta ponerlos a la altura de mis labios. Los bese, saboreé, me deleité con su perfección, y pude comprobar, como a pesar de mi estado mi miembro respondía. Cosa aunque rara por mi estado, sería aún más extraño que no lo hiciese ante el manjar que se me ofrecía.

Se giró, tumbándose en la arena, mientras me susurró: ven. ¿Esa voz? Me era familiar, pero no me paré a pensar, simplemente... fui.

Me tumbé sobre ella, descubriendo que de alguna forma me había soltado el pantalón, y mi miembro se mostraba en su máximo esplendor ante sus muslos.

Volvió a decir: ven. Y otra vez fui, pero esta vez sobre su cuerpo para entrar en su interior. Me sorprendió la facilidad con que me deslicé hasta el fondo, la habilidad con que sus cálidos muslos me rodearon y atrajeron hacía ella.
Miré su rostro, y allí seguía, a pesar de la cercanía, difuso y familiar.

Empecé a moverme. Mi menté no estaba para coordinar, pero no había problema, las olas lo hacían por mí. Avanzaba a su ritmo, al compás del sonido que escuchaba tras de mi. Una cadencia, larga y profunda.

Yo era la ola, y ella la espuma, en medio del vaivén, una espuma aún más cercana se deslizó sobre su cálida piel. Había cogido la botella de champán y rociado sus pechos con el espumoso elemento. De ellos bebí para saciar mi deseo, saboreé ese néctar de lujuria que componían los dos elementos, una mezcla explosiva: la amargura del cava, con la dulzura de su piel.

Fue ese punto el que terminó de desatar frenesí de nuestros muslos, que empezaron a moverse unos contra otros, con la pasión de la desesperación, de algo largo tiempo aplazado. Una guerra de caderas buscando  descargar una explosión de deseos y anhelos contenidos.

¿Segundos? ¿Tal vez minutos? ¿Horas? no lo sé, no éramos nosotros los que marcaban el tiempo, sino el vaivén de nuestros cuerpos guiados por la cadencia del mar al desbordarse a nuestros pies.

¿Qué siguió? No lo sé, abrí otra vez los ojos, al sentir su lengua deslizarse en mi pecho. Ya no nos cubrían las estrellas, sino la primera claridad del despuntar del alba. Me giré para mirarla, y no estaba, ni ella ni su cálida lengua. Lo que había era un chihuahua que lamía mi piel bañada por el champán. De pronto oí una voz que decía: ven....chelsiii, deja a ese señor y ven aquí.

Miré en la dirección de la voz con la esperanza de ver a mi amante apasionada y perfecta, y por contra descubrir, a una señora más ancha que alta, con un batiné de los años 60.

¿Sólo fue un sueño? ¿Existió? ¿Quién era? No lo sé, simplemente sé que tenía la camisa abierta y el pantalón desajustado, así que quiero creer, que no todo fue un sueño.

Cerré los ojos intentando buscar en el fondo de mi mente, algo de lo sucedido que me condujese a desentrañar el misterio de la conocida desconocida, pero nada me lo indicaba. 
Así que volví a abrir los ojos, y allí estaba. Encima de mi cabeza, frente a mis ojos ya despejados. Esa visión sí que la reconocí perfectamente: la lámpara de mi habitación

¿Qué fue? ¿Un sueño dentro de otro sueño? O simplemente dos fases vividas, pero confusas. Una por el exceso de alcohol, y otra por la borrachera de pasión.

Quiero, deseo y anhelo pensar..que no todo fue un sueño....

3 comentarios:

Clandestina dijo...

Qué cosas más bonitas sueñas tú....

:)

JódeleMaría!!! dijo...

Jodó lo que soñamossssss!!!!
Yo no he soñao algo así en mi vida, copón. Lo más un ascensor con un tío y zasca, Sansejodió!!! El sueño, digo...

Deadwords dijo...

Clandestina. Tú también estás segura que sólo fue un sueño?
Joder, que poco dura la alegría en la mesa del pobre. A la mierda la ilusión:(

JódeleMaría. Si es que es lo que tienen los ascensores, salvo que vivas en NY que son de tropecientos pisos, aquí lo que tardan en llegar a su destino no da mas que para ver al tio o la tia. Una pena.

La próxima sueña con el churri en la T4, que seguro que hay demora de vuelo y teneías para unas horitas en algún rinconcito. :P