Aunque también podría ser definida como una historia de terror.
Me imagino queridos lectores que conocereís ese maravilloso instante del cafecito matinal, esa pausa en el trabajo que hace que la mañana tenga sentido. Pues a veces, ese momento se puede convertir en una entrega de la famosa saga de Indiana Jones. Ya me estoy imaginando cuando Spilberg vea esta historia y decida hacer una versión para el cine: "Indiana Jones, en la tortuosa senda del café"
Todo comenzó con la crisis, y no es que haya subido el café, que probablemente lo haya hecho. En este caso el asunto se debe a que el amigo ZP decidió repartir dinero a los Aytos. para que empleasen parados en diversas obras y minimizar el efecto la crisis. Bien, aquí el Ayto. de la mas conocida como capital del mundo, decidió renovar las aceras de la arteria principal de la ciudad. Pero no penseís en un embaldosado común no. Todo a lo bestia, en plan Gallardón, de golpe manzanas enteras a todo lo largo y ancho.
Y aquí comienza la historia. Llegas una mañana al trabajo todavía de noche, con los parpados pegados y no te enteras de si hay aceras o piscinas de lo sobaó que vas.
Cuando por fin llega la ansiada hora del descanso y sales, descubres un mar de vallas por todos lados, la obra ha llegado en el silencio de la oscuridad hasta la puerta de tu trabajo. Descubres que sólo hay un pequeño paso para salir, y por el te aventuras eso sí, esquivando paraguas porque encima diluvia. El primer tramo consiste en una chapa de unos tres metros de largo, la cual encima está enforma de v por haberse hundido en su parte central, con lo cual tienes que tener cuidado de no resbalar en la parte que baja ni tropezar en la que sube.
Allí estás en una tortuosa cola que avanza lentamente y que no puedes adelantar porque en sentido contrario viene otro tanto. De repente giro a la derecha y cambias de superficie, ahora consistente en tablones de madera resbaladizos por el barro la obra mezclado con la lluvia, para continuar con mas metal, seguido de piedras y que se yo que mas elementos hay bajo los pies destrozándote las suelas. Ya que no consigues verlo debido a que andas mas pendiente de no resbalar, chocar con los que vienen tambaleándose en dirección contraria y esquivando a viejas que llevan el paraguas como si estuviesen en el trapecio.
Al poco la carabana de la alegría se detiene. Te estiras un poco y aves a una mujer que se le ha hundido una rueda del cochecito del niño entre dos de las famosas superficies que no estan bien montadas. Con ardua labor consigue sacarlo y vuelve la cola a avanzar. De repente te das cuenta que en un giro te has quedado solo, y aceleras, para descubrir que te has metido por un pasillo que desemboca en la puerta de un portal y sin salida. Vuelta para atrás y a esquivar a otros cuantos que les ha pasado lo mismo que a tí.
Retornas a la cola pero ya has perdido posiciones en la caravana, te resignas y te dejas llevar por la marea humana. Por fin llegas al borde de la manzana, ante el semáforo que te separa de la siguiente, y en la que está el bar de tus deseos, y que por suerte allí ya terminaron la obra la semana pasada. Has hecho la nada despreciable distancia de 100 metros en unos cinco minutos.
De regreso del cafelito, que ha sabido mejor que nunca, y no pregunteís porqué, llegas al semáforo, y ves ante ti de nuevo la senda de los esclavos. Te planteas rodear el edificio para llegar al otro lado, que será mas distancia pero como por detrás no hay obras y el curro está en la otra esquina se evitará el trasiego. Y en eso estás cuando se pone el semáforo en verde y divisas a una mama con un cochecito de tres ruedas y paraguas en mano, que lo guia con la que le queda libre sorteando baches, vallas, obstaculos, agujeros y todo lo que se lo pone delante con una habilidad propia de Shumaker ese (si, ya se que a los fernandistas les joderá, pero es que no le trago yo al Alonso), aparte de que se ve menos gente en la ruta.
Total, aquí sale eso de: joder, si esa puede con todos esos cachibaches, yo que soy de Bilbao, eso me lo meriendo. Y para allá te vas. Craso error, cuando ya te has metido en el laberinto de vallas, ese camino que se adivinaba tan despejado, se llena de golpe. No aciertas a saber de dónde han salido, pero allí están. Incluida la habilidosa madre, que ya no parece tan habilidosas de cerca. Debe ser como cuando se sacan fotos con los teleobjetivos, que comprimen la distancia y no te haces una idea real de las verdaderas proporciones.
Así que ya puestos te armas de paciencia, y te dejas llevar tránquilamente por la marea húmana, sin dartelas de listo para no terminar de nuevo en otro portal sin salida.
Y así casi un mes, dudando en salir al café los días de lluvia, o sea casi todos, porque sin paraguas era aceptable, con agua era un martirio tras otro.
O sea que los hagoreros que andan siempre diciendo eso de que suerte los que pueden tomarse el cafecito. Suerte no, eso es una tortura.
Pero bueno, todo llega a su fin, y tras casi un mes, la acera está limpia, despejada y muy chula. Ya sólo falta esperar lo que siempre pasa después de haber hecho una obra nueva que ha costado un pastón, que aparecerá alguna cuadrilla de operarios a reventar toda la obra y luego al taparlo hacerlo con toto tipo de pegotes y colores para romper la armonía que tanto dinero y mal ratos cafetiles ha costado.
Firmado: "Juan Valdés"
3 comentarios:
Tú es que querías ser actor de acción y no sabías cómo hacerlo.
Si es que por algo dicen que el café no es bueno...
Diossssssssssssssssssssssssssssss... he vivido paso a paso la singladura del caminar por los caminos angostos del Gran Bilbao.
Un café bien merecido, el de entonces....
:)
Descafeina, a que va a ser que me has pillaó.
Y tú si que tienes que hacer algo de acción, que al final no vas a llegar ni a descafeiná. :D
La de las moscas, merecido no se si fue, pero ganado a pulso, o mejor dicho con el sudor de mis pinriles seguro que si.
Por cierto, ten cuidado al ahuyentar las moscas, que si mueves mucho las manos y te ve la peña de lejos, van a pensar que estás pirada..:D
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