Nota del Autor: Después de escribir este peñazo, me acabo de dar cuenta de su extensión, con lo cual las maripuris, purilandas, y demas composiciones posibles con dichos términos, están excusadas de leerlo. Eso claro está, salvo que se les ponga erecta su curiosidad. :D
Podía haber sido una semana cualquiera, pero no, fue una semana concreta de este mes que toca a su fin cuando todo comenzó.
Debía subir a una tienda de esas enormes de bricolaje, en un centro comercial cerca de mi pueblo, con la intención de coger un par de correas para el tirador de la persiana.
Y ahí es cuando la parienta decidió apuntarse a la excursión por tener que hacer ella unas compras en el súper.
Total me digo, la dejo en el súper y mientras voy al tema, pero no, ella tenía que venir también al tema, total según dijo serían dos minutos.
Total, no había letrero, pues para dentro los dos.
Me dirijo raudo a por las correderas, dos minutos después tras las consabidas medidas para ver si son las adecuadas me dirijo a la caja y veo que he perdido a la mujer. Ya sabía yo que debía haber comprado una correa de más y habérmela llevado enganchada.
En fin, ahora a buscarla. Por fin doy con ella, y la veo mirando unos armarios de pvc con cara de tener mucho interés. Y me dice: “mira este nos quedaría muy bien en la terraza para todos los cachivaches que hay en la misma, y además está de oferta.”
Total, un trasto más, para llenarlo de trastos de deberían haber emigrado en patera rumbo a algún vertedero. Porque claro está, son chismes de esos que se guardan por si un día...., pero ese dia nunca llega, y no se vuelven a necesitar. Pero no, si ahora encima los escondes en un armario, en el cual no se van a volver ver nunca, esos fenecen con la vivienda.
Pues ahí me veis mirando el armario, todo piezas y ensamblajes, y diciendo: “no sé yo eh, esto tiene pinta de ser complicado de ajustar bien, ya sabes los plásticos se deforman fácil.”
Y por ahí aparece como salido de la nada el responsable del área, ese que cuando lo buscas parece que se fue al baño con diarrea porque no vuelve nunca, y suelta la brillante frase de: “Nada hombre, si eso es fácil, lo monta un niño”. Total, mi mejor argumento para no pillarlo, reventado.
Ala, ahora otra media hora para elegir el modelo de puerta. Porque aunque sea un armario de plástico para una terraza, los hay con mas colores y tonos que la cerámica de porcelanosa.
Uno ya resignado a su suerte se queda mirando como van dando vueltas los dos, una tocando puertas, y el entrometido explicando las virtudes de cada armario.
Por fin, cuando decide cual quiere, resulta que ese modelo no queda. Ala pues a que le hagan una reserva y a pedirlo.
Así que tras media hora lo que hemos conseguido es postergar el día de la condena.
Dos semanas después, tras una llamada de que el armario está ya disponible, vuelta a subir al centro de marras.
Esta vez viaje rápido y directo a la sección de turno, que había prisa en regresar a casa, por suerte para mi, porque sino a saber que se le antojaba.
Total, nos atiende el encargado de turno, tras buscarlo durante un buen rato por todos los pasillos, para así cumplirse la premisa de que sólo aparecen cuando no los necesitas.
Allí encontramos a uno con pinta diligente por lo menos, que el del otro día estaría en el baño. Cogemos un carro, y el socio engancha una caja que parece contener todos los secretos del mundo antiguo, dado su volumen. Y de un solo golpe, ala, al carro. Y suelta la parienta: “pues no parece que pese tanto”. Pero yo me quedo mirando al cargador, y veo que a pesar de ser poco más alto que la rubia mas guapa del mundo mundial, sin embargo tiene unas espaldas y brazos que para si las quisiera el Conan ese.
Le hecho un vistazo al lateral de la caja, y joe, 19 kilos pone. ¿Será con cartón o sin cartón?, pienso. Porque como sea sin el, dios me pille confesado, que lleva eso mas cartón que maquillaje la Presley.
Total, con el cajón nos dirigimos al buga, abro el maletero, quito estorbos, levanto la caja hasta conseguir apoyarla en el borde, y me dice la parienta de golpe, no cabe ahí. Joe, decirle que no cabe a un tío y encima de Bilbao. Qué no es como cuando te dice una mujer, que así no entra, que entonces si que te tiras para atrás porque te pueden llover hostias y patadas en los mismísimos. Ahora no, aquí tienes que demostrar que a veces tú decides cuando se mete.
Finalmente tras dos cabezazos con la puerta del maletero, un par de pilladas de manos, y suerte que uno es pequeño y tiene los esos muy abajo, que sino también me los pillo. En ese momento dimites, pero eso sí, ni le miras a la cara a la socia, porqué sabes que vas a ver la clásica sonrisa de: ya lo decía yo.
Pues nada, abres las puertas traseras, sacas el asiento la peque, y a terminar de destrozarte los lumbares cogiendo posturas raras para poder meter la caja hinchable dentro del buga, porque os garantizo que a medida que pasaba el tiempo era más grande.
Bueno, ya llegas a casa y sacas la caja, mejor esta vez evitar la descripción, no me vayan a catalogar el blog como X después de leer mis expresiones durante esa parte.
Entonces te das cuenta que vives en un cuarto sin ascensor.
Te colocas en la puerta del portal, miras hacía arriba y tu mente, supongo que condicionada por lo que le espera, no consigue ver el final del edificio.
¿Habéis visto alguna vez en las películas, la clásica escena que alguien mira hacía arriba de un edificio y este hace el efecto de ir alargándose? Pues ahí estaba yo.
Por fin llegamos arriba e introducimos la caja en casa. Un suspiro de alivio brota de lo más hondo de mi cuerpo, y pienso: “Lo peor ya pasó, y seguimos enteros”
Estoy leyendo el pensamiento de algún lector preguntándose: ¿Qué paso mientras subía la escalera? Lo siento gente, me gusta que os riáis conmigo, no de mi. Así que esa parte será como el secreto de Fátima.
Total, ya decidimos montar el armario para terminar de una puñetera vez. Abres la caja, vas colocando las miles de piezas para ver si falta algo, y efectivamente, siempre falta algo.
Llamas a la socia y le dices: “Oye, que faltan cosas, el niño que nos dijo el de la tienda que montaba el armario no está en la caja.”
Me mira con una expresión que prefiero no saber que pensaba y me dice: ¿Qué dices?
Nada, que el tío nos dijo que era fácil de montar, que lo montaba un niño ¿no?, pues el niño no está en el cajón.
La siguiente mirada que me lanzó ningún humano debería haberla visto jamás. Muchas matemáticas y Reyes Godos en el colegio, pero nadie te preparo para aguantar las miradas de la parienta.
Total, bajas la cabeza y piensas: Bueno, también es verdad, parezco tonto, como va a venir un niño dentro del cajón, se podría ahogar. Seguramente en las instrucciones vendrá el teléfono al que llamarle para que venga a montar el trasto.
Lo buscas pero nada. Eso si, esta vez no dices nada, prefieres callarte y montarlo tu solo, que volver a llamar a la contribuyente y decirle que tampoco esté el teléfono ese.
Pues nada, con todas las piezas al balcón. Empiezas a mirar las instrucciones y se te cae el alma al suelo. Algo así como 40 piezas, pero las instrucciones parecen un libro. Si tienen más dibujos que la Capilla Sixtina. ¿Y para entenderlos? Te pones a mirar la parte que quieres montar, y ala, le meten una especie de lupa dibujada para aumentar esa zona, y lo que consiguen es que veas algo ahí que no tienes en la caja, pero por el contrario te tape el dibujo de la zona que querías ver. Total, a improvisar.
Poco a poco van quedando menos piezas en el suelo y vas sonriendo, hasta que te das cuenta que has montado una parte mal. Y aquí llega el desmontaje, piezas de plástico ensambladas a presión, una tortura china para los dedos. Ante la imposibilidad de sacarlas decides apalancar con el destornillar, pero en un momento de lucidez te das cuenta que igual te cargas el plástico y es peor. Así que buscas algo mas blando. Desmontas una pinza de madera para la ropa, metes por la ranura, tiras y…escuchas un grito. Joder, si el que has gritado eres tú cuando te has pillado los dedos al salir de golpe la plancha.
Te metes el dedo a la boca, te da por mirar hacía la calle, y ala dos viejos con cachaba mirando hacía ti. Se ve que de piernas andan mal, pero de oído de puta madre. Adivinas por sus expresiones que están pensando: Mira, un aficionadillo del bricolaje. Te dan ganas de gritarles: Venga ingenieros de los cojones, iros a vigilar alguna obra callejera de mas fuste, o a jugar al mus al desguaze.
*Nota: Desguaze, denominación que da mi padre al hogar del jubilado.
Total, vuelves al armario, y tras un par de juramentos y pilladas mas consigues terminarlo. Y encima sin la ayuda del puñetero niño, que tiene más merito.
Llamas a la mujer para que dé su aprobación. Y te dice, pues si que queda bien. Ahora tenemos que subir otro día para buscar unos focos para el armario del baño que están algo fastidiados.
Y piensas que antes de ese fatídico día tienes que buscar la forma de ir sólo a buscarlos, porque si mal no recuerdas las lámparas estaban al lado de los complementos de jardín, y la última vez te fijaste que se quedó un momento parada mirando una mesa de plástico también montable. Y coño, que yo no tengo jardín, que sólo tengo macetas en la terraza.
Nota del autor:
Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia.
Así mismo se han omitido las partes más duras de los hechos para no herir sensibilidades.
6 comentarios:
Del tirón. Me lo he leido del tirón. Te juro.
Impresionante descripción de tu singladura que te mete de lleno en la historia.
Las marus son la caña. Son los capataces perfectos. Ellas mandan y tú te lo curras. Y encima sescojonan del pringao de su mari.
Eso sí... el armario te habrá quedado niquelao. Y ahora queda la terraza horrible con ese cacho plástico enorme ahí plantado.
Escenas de matrimonio... :DDD
De un tirón? Así, sin meterte un RedBull al cuerpo? Ni un chute nicotina labial? Eso si que es impresionante, y no lo de este armario.
¿Eso quiere decir que ya puedo empezar escribir relatos largos? jajajaj. :P
Las marus son no, las marus sois. :D
El armario ma quedaó que pa que te voy a contar. Como para salir a tomar el sol a la terraza, sentadito al lado, con mi birra, unas bermudas y mocasines con calcetín negro.
Y lo que es peor, me tapa la pared de ladrillo cara vista que usaba yo como fondo para sacarme las fotos sexys. Así en plan camionero marcando paquete que no abdominales y en vez de agarrar la clásica rueda de camión, sujetando una regadera. Caguén too..
:D
Por finnnnnnnnnnnnnn!!
Puedo comentarte este post tan coonudo, que mira que me ha molao. Jodío, qué gracia tienes contando las aventuras.
Eso sí, parece que estás menos gracioso (al menos pa tí) montando armaritos de plástico. Y el niño las narices? No apareció al final? A ver si era uno de los compis de tu hija adolescente de los que iban en parejitas al baño... A ver, no estaba el muchacho pa menesteres bricolajeros.
Me eché unas buenas risas cuando lo leí y me he vuelto a partir la caja hace un momento cuando he vuelto a releerlo.
Ya sé qué tengo qué hacer cuando compre algún armarito. Por el norte hay un piazo montador...
Nada servidora, hasta dónde yo sé, a esta no le van los montadores de armarios, me sale pija la jodia de ella. :D
Me alegro que te haya gustado mi desventura con el montaje.
Y si necesitas un montador,de armarios claro está :D, pues ya veríamos a ver si llegamos a un arreglo, que a mi la curiosidad por las famosas cloquetas me trae a mal andar. :D
muy bueno amigo vaya unas risas que me he hechado, jaja.
eres un crack, mucho mejor que el de bricomania.
si es que ya le digo yo a mi moza, que hay cosas que son solo para entendidos que vaya mania tienen con que les hagas las chapuzas de casa, luego no hay mas que paro.
saludos.
Que historia mas buena tio, vaya jartá de reir que me he pegado.
Me lo ha recomendado Alfonso y tenía razón, está genial.
Ahora discrepo en el fondo, porqué que sería de vosotros sin nosotras, que os convencemos para comprar las cosas y tener la casa presentable.
Que si fuese por mi mantecoso, este con su butacón, la tv para ver al Madri y su mahou en la mano, como si no hay mas muebles.
S2.
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